En esta sociedad líquida y fluctuante en la que vivimos ¿Quién se atreve a pensar en un amor permanente? ¿Qué garantías hay para ello?
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Hoy nos visita, nuevamente, un invitado muy especial y apreciado por mi. Un hermano seminarista conocido ya por algunos de ustedes: Frank Rodríguez.

Bienvenido Frank, este es tu blog y aquí están tus lectores. Te dejo con ellos.

Un placer estar nuevamente por aquí, gracias a ti Alexis por invitarme y darme la oportunidad de aportar un grano de arena en este proyecto de evangelización.

Dando un vistazo por mi habitación, buscando ideas para un artículo que me había comprometido entregar, como si de las paredes fuera a brotar una musa que me susurra lo que necesito, me detuve en la cruz que tengo frente a la cama e interiormente me surgió una pregunta: ¿Cuánto tiempo dura el amor?

Una cosa es la respuesta que puede dar el mundo actual, pero la respuesta definitiva la ha dado Dios. Vamos, adelante, entremos ya en este tema.

El amor en la sociedad actual

En una sociedad líquida y fluctuante como la que se presenta frente a nuestros ojos, y de la cual somos hijos, ¿Quién se atreve a pensar en lo permanente? ¿Qué garantías hay para ello?

pensando en el amor - Escucha y viviras

Palabras como constancia, permanencia e inamovible, parecen no haber sobrevivido a la llegada de la posmodernidad, para no hablar del término “siempre” que hoy se redefine como ocasional y transitorio.  Y es que nos hemos repetido hasta la saciedad: “los tiempos cambian, y las personas cambian, y tenemos que ser realista”.

Acostumbrado ya a la inestabilidad.


La mentalidad de lo mutable es tan latente en nuestra psique, que, en las relaciones cotidianas, cuando tenemos mucho tiempo sin ver o tener noticias de un conocido, se produce interiormente un pudor y reparo en preguntar por la familia, cónyuge, o incluso estado clerical. Esto es porque lo estable nos es ajeno y nos hemos acostumbrado a la normalidad de la destrucción, y lo que escapa de aquí es un milagro.

El amor de Dios en el Matrimonio

Suelo traer a la memoria un rito de la Iglesia Ortodoxa, que se realiza en los matrimonios donde «el sacerdote conduce a los recién casados tres veces alrededor del atril. El círculo simboliza a la eternidad; la caminata alrededor se hace tres veces para la gloria de la Santísima Trinidad, la cual es así invocada para presenciar el voto tomado ante la Iglesia, de mantener la unión conyugal para siempre”.

Casados para siempre - Escucha y Viviras

Esto sin contar conque, durante todo el desarrollo de la ceremonia litúrgica, la cruz se mantiene frente a los cónyuges, especialmente ante el esposo, para servirle de espejo, y mostrarle la forma de amor de Cristo a su esposa la iglesia.

Cuando no hay donación.


Aunque parezca un rito sencillo, en la praxis sólo alrededor del 1 % de los matrimonios ortodoxos practicantes, llegan a ser declarados nulos. Mientras que en la iglesia católica de rito latino, los números rondan el 70%, siendo conservadores. 

La diferencia estriba en la conciencia del anhelo inscrito en el corazón de lo permanente, de lo cual brota la donación al otro.

La salida más rápida.


Es lógico que cuando aparecen los sufrimientos y las precariedades de los demás, nos flagelen y es difícil que volteemos la página sin que el reverso se manche de sangre.

La primera salida es llenar la boca de aire y apretar los labios hasta que la marea pase, pero bien temprano terminamos desinflados, hasta que aparece la justicia como abogada con pancartas de derechos, con un lema en especial que reza: “HASTA AQUÍ, YA ESTA BUENO”.

Luego de esto, solo llegan los rumores de la devastación, los cuales vuelan muy lejos.

Para salvar el día y romper el hielo se emiten elucubraciones inteligentes como: “Se les acabó el amor”“descubrió que esa no era su vocación”, en el caso del consagrado.

Dios nos llama a vivir en el amor.


Resulta interesante que, aunque parezca Catecismo 1.0, la palabra “Sacramento” se refiera a unos signos sensibles que hacen presente una realidad invisible y sobrenatural. Es decir, que el matrimonio hace presente el amor de Dios con la iglesia, y la condición esponsal del cristiano.

Dado que el reloj de arena de muchas vocaciones del tipo que fuere se acaba, es probable que sea por el resultado de la inconsciencia de que, al responder a una llamada de Dios, se responde a la realización plena de sí mismo.

Esta realización solo es posible desde el amor, y no a una condición que en suerte nos ha tocado, donde desaparece lo sobrenatural porque la supervivencia es el proyecto final, la cual viene armada con los “peros” y “por si acasos”, que terminan convirtiéndose en un “HASTA AQUÍ”.

Una llamada para hacernos felices.


Quien dice: “yo me caso, PERO si no funciona me divorcio» o «me siento llamado a la vida religiosa o presbiterado, PERO si veo que no es lo mío lo dejo», es casi matemáticas del libro Nacho que abandonarán el barco (Si, hay libro Nacho de matemáticas).

El alzheimer de las realidades divinas que nos inocula el egoísmo, nos hace olvidar, que los “sacramentos de servicio”, que es como les llama la iglesia a los sacramentos del Orden y al matrimonio, no son un proyecto personal, sino una respuesta a una llamada de santidad que Dios nos ha hecho para hacernos felices, y “Dios no es un hombre que dice y se arrepiente”.

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Hoy, en mi sano juicio, llamado al presbiterado y al celibato por el reino de los cielos, lo certifico desde mi condición. No obstante, mañana sea engañado por el diablo, hoy, pues no tengo otro día, respondo a mi vocación con mucha pasión, con la ración de sequedad que Dios puede proveerme. Pues esto no es excluyente el amor, porque sé que estoy respondiendo a mi felicidad, no algo que me ha tocado en suerte, porque me levanté en un encuentro vocacional.

Un amor para siempre

La diferencia con quienes se embarcan en la maravillosa aventura de un sacramento, con su condición sobrenatural en las manos, es que no se agotan las arenas se su reloj. Porque no es el tiempo quien marca el ritmo sino el amor, y el amor es una realidad divina experimentada.

amor para siempre - Escucha y Viviras

Esta realidad divina solo se conjuga en un tiempo: “el para siempre”, por lo que el amor no cambia cuando encuentra el cambio.

Y el amor es Dios manifestado en su hijo Jesucristo, que, venciendo la muerte, nos da la capacidad de amar para siempre.

El Amor de Cristo ha vencido - Escucha y Viviras

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Un placer compartir con ustedes y recuerden rezar por las vocaciones, tanto las del matrimonio como la de vida consagrada, para que este amor pueda renovarse siempre en nuestro Señor Jesucristo.

Y tú, ¿Qué dices de este tema?

Tu opinión es importante para nosotros. Quisiera saber que piensas de este tema que Frank nos ha tratado hoy. Te invito a compartirlo dejando tu comentario más abajo.

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Alexis Avilés

Alexis Avilés

Tengo una esposa encantadora, 6 hijos que son un don de Dios, pertenezco al Camino Neocatecumenal, Catequista Itinerante en la Diócesis de San Francisco de Macorís desde el año 2002. Soy Ingeniero en Informática y Correr es mi deporte favorito. ¿Qué más podría pedirle a Dios?

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escuch@yvivirás

Quiero ayudarte en tu noviazgo, matrimonio o familia, a vivir según el proyecto de amor que Dios tiene para ti, sin dejarte influenciar por un mundo que está perdiendo los valores cristianos y que nos presenta el mal como un bien donde realizarnos.

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