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Educar en el presente desde nuestros errores pasados

Dios nos ha permitido experimentar la muerte y la resurrección, para que podamos educar y confirmar en la fe a nuestros hijos.
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En una ocasión hablaba con una persona que se sentía frustrada e incompetente para corregir a sus hijos varones. Ellos estaban cayendo, poco a poco, en el vicio del alcohol.

Algo similar vivía una madre con una hija que andaba calle arriba y calle abajo con su novio, no tomando en cuenta la hora ni los riesgos a los que se exponía. Salió embarazada y esta madre se sentía culpable.

En los dos casos hay un factor común. Los dos habían cometido esos errores en su juventud y no se sentían con la autoridad ni la moral para corregir y ayudar a sus hijos.

¿Qué hacer entonces? ¿Quedarte con los brazos cruzados?

Hablemos de este engaño que el demonio mete en nosotros, los padres, para que nos sintamos atados frente a nuestros hijos.

La realidad humana

Nosotros quisiéramos no cometer ningún error en nuestra vida. Deseamos, como ser humano, rayar siempre en la perfección, no quisiéramos ser pecadores.

padre orgulloso - Educar

Esto es porque al final no aceptamos reconocernos débiles y que solo apoyados en el Fuerte, que es Dios, podemos vivir una vida de combate, donde siempre vencerá su misericordia.

Queremos hacer el bien, pero…


San Pablo en su carta a los Romanos, a continuación, nos va a iluminar nuestra verdadera realidad humana, que es la que él se encontraba viviendo en ese momento.

Rm 7, 15-19

“Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. Y, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con la Ley en que es buena; en realidad, ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí. Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero”.

Vivimos en una constante lucha por hacer el bien, por no pecar, pero nuestra carne se inclina fácilmente al placer, a pasarlo bien, no importa como.

Si la carne quiere sexo, pues darle sexo, si quiere desinhibirse o despegarse de la realidad actual, pues están las drogas o el alcohol. Si lo que queremos es dinero para gastar, pues no importa que le robemos a otro.

Sabemos muy bien que estas cosas están mal, pero hay una ley dentro de nuestra carne que fácilmente vence a nuestro espíritu, el cual nos quiere llevar a hacer la voluntad de Dios.

No queremos sufrir.


En el tiempo de la juventud se cae, fácilmente, en la tentación de darle rienda suelta a los deseos de la carne, sin pensar en las consecuencias. Esto es fruto de la inmadurez de esos tiempos.

También el negarnos a los deseos carnales, conlleva un sufrimiento, nos mete en unas tensiones que, por lo general, no estamos dispuesto a vivir.

Por eso es más fácil no luchar y dejarnos llevar. Ser como Vicente, que va donde va la gente. Realmente no queremos ir contra corriente, ya que esto nos provoca un sufrimiento en la carne.

Pero este sufrir un poco nos ahorrará grandes sufrimientos futuros, que nos podrían llegar fruto de nuestros errores o pecados.

Dios ha dado una respuesta definitiva

Nuestro Padre celestial no se ha quedado de brazos cruzados viendo nuestra situación de muerte, sino que va a dar una respuesta de amor y misericordia a través de su hijo Jesucristo.

San Pablo, viviendo esta situación, ha encontrado una respuesta definitiva a lo que estaba viviendo en ese momento. Él continua diciendo en la carta a los Romano, lo siguiente:

Rm 7, 24-25a

“¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte? ¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor!”

Dios no se complace en nuestra muerte.


Dios ha enviado a su hijo para sacarnos de la situación de Pecado, que nos lleva a la muerte.

Cristo ha tomado nuestra condición humana y ha crucificado, en nuestra propia carne, el pecado.

De manera que ya el demonio no tiene poder sobre nosotros los hombres, porque ha sido vencido en la muerte y Resurrección de Cristo.

Crucifixión

Si nos creemos esto y nos apoyamos en nuestro Señor Jesucristo, nuestra vida puede cambiar totalmente.

Levántate y deja de mirarte a ti mismo.


Quedarán nuestras caídas en la historia, nuestros errores, pero no para condenarnos, sino para mostrarnos que Dios nos ama como nadie puede hacerlo en este mundo.

Este amor es capaz de recrearnos, de hacernos una persona nueva. Deja ya de querer caminar hacia adelante, mirando hacia atrás. Dios quiere recrear tu vida con unos cimientos firmes en su hijo Jesucristo.

Pero el recordar y ver de donde Dios nos ha llamado, nos hace humilde, nos permite tener presente la fidelidad de Dios y nos ayuda a educar nuestros hijos.

Educa a tus hijos, también, desde tu experiencia

No sientas vergüenza de hablar a tus hijos de los errores o pecados que cometiste en la juventud. Al contrario, cuéntale tu experiencia y tus sufrimientos.

No será fácil ya que siempre queremos ser un modelo para nuestros hijos, pero pensamos en un modelo perfecto y no imperfecto.

Háblale sin moralismo, más cuéntale tus experiencias.


El presentar nuestra pobreza a nuestros hijos y como Dios nos ha amado salvándonos de la muerte, le será de una gran ayuda para combatir contra los demonios que les atacan en la juventud.

Educar hablar con hijos

Que ellos puedan descubrir a través de tus errores, que Dios les quiere salvar de caer en la misma muerte.

Dios nos ha permitido experimentar la muerte y la resurrección, para que podamos educar en la fe a nuestros hijos. De manera que ellos no pisen la misma tierra de pecado, que una vez nos ha causado tanto sufrimientos.

No se trata de que ellos no cometan errores en su vida, claro que eso quisiéramos los padres, sino que puedan descubrir las consecuencias de muerte que pueden experimentar, al tomar el mismo camino.

Además de que nuestros hijos puedan descubrir que nosotros, también, somos pecadores y que necesitamos de la misericordia de Dios.

Ánimo, que el Señor quiere hacer nuevas todas las cosas en nuestras familias. Tus hijos te lo agradecerán después.

Y tú, ¿Qué dices de este tema?

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La Paz de Cristo esté contigo y no te olvides de rezar por mi familia.

Alexis Avilés

Alexis Avilés

Tengo una esposa encantadora, 6 hijos que son un don de Dios, pertenezco al Camino Neocatecumenal, Catequista Itinerante en la Diócesis de San Francisco de Macorís desde el año 2002. Soy Ingeniero en Informática y Correr es mi deporte favorito. ¿Qué más podría pedirle a Dios?

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escuch@yvivirás

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